viernes 22 de mayo de 2009

Un día

Es hora de revivir.

¿Para qué resucitar si no se ha muerto?

Morir, reír, soñar, volar.

¡Oh! Volar, me aburrí del suelo.

Pero siempre caigo.

Es hora de revivir.

martes 28 de octubre de 2008

Quiero ser un cronopio

Un cronopio quiero ser, un cronopio quiero ser. No es que quiera ser dos veces un cronopio...

Un cronopio. No dos cronopios, solo uno.

Me tentó ser un fama, pero me enredé en el camino. Intenté ser un esperanza, pero su simpleza me complicó.

Quiero ser un cronopio, y no sé cómo serlo.

Necesito instrucciones... Escritas por un cronopio, escritas para un cronopio.

¿Los cronopios toman coca-cola?

Ella dice que toma coca-cola y no le interesa ser un cronopio.

¿Qué es un cronopio? Me lo preguntó la escoba que barre entre mis neuronas muertas. ¡Si lo supiera ya lo sería!, grité frente a mis dedos. Ja, se burla de mí: Pobre ordinario, quiere ser algo que ni siquiera sabe qué es.

Soy lila...

J^P

lunes 25 de agosto de 2008

Terremoto e iglesia, o la impunidad divina.

Ha pasado ya un año de la tragedia del sur. Un terremoto que dejó, según cifras oficiales del INEI, 595 muertos. He seguido las noticias con cierta desazón, algo de desconfianza y mucha perplejidad. Salvo contadas excepciones, ningún periodista, de ningún medio, se atrevió (porque, al aparecer, atrevimiento hay que tener) a denunciar las verdaderas falencias que ocasionaron que el número de fallecidos sea tan alto.

Se habla de prevención, Defensa Civil y las municipalidades tratan de hacer lo suyo, y bueno, después de un Mesa Redonda o de un Utopía, algo se hace, mucho se denuncia y luego se olvida, pero queda alguito. Se procesan personas, al menos algo de alboroto se hace. Sirve de poco, pero peor es nada.

¿Se pudieron evitar tantas muertes en el sur? Claro que sí, no todas pero sí muchas, muchísimas. Entonces, si se pudieron evitar y no se evitaron, ¿los responsables han sido denunciados, procesados y sentenciados? ¡Por supuesto que no! En el colmo de la impunidad de los culpables y la cobardía de los medios y la complacencia de las autoridades, ni siquiera se ha deslizado la idea de mencionarlos.

Pero si es un fenómeno natural, ¿qué se puede hacer?, se preguntarán. Prevenir, se puede y se hace. Solo que hay quienes no lo hacen, así de simple.

Recuerdo clarísimo el rollo del hotel Embassy, una construcción de cuatro pisos cuya estructura solo estaba hecha para dos. Hasta portadas de diario tuvo, El Comercio lo llamó el ícono de la devastación, y se preguntaba ¿cuántos Embassy más habrán?

Pregunta mal formulada. Lo correcto es cuestionarse ¿cuántas iglesias católicas son el verdadero ícono de la devastación? Tres iglesias: la de Pisco con 200 muertos, la de Chincha con 57 y la de Ica con 17, suman 274 muertes, casi la mitad del total. ¿Se ha hecho alguna denuncia al respecto? ¿Siquiera se ha cuestionado la seguridad de una iglesia? Absolutamente nada.

Nadie ha pronunciado palabra alguna. Imaginemos que el terremoto se hubiese producido en Lima y de 595 muertos, 274 hubiesen fallecido dentro de Saga o KFC. ¿Se imaginan el escándalo que hubiese sido? Congresitas, alcaldes, taxistas, mujeres, deudos, periodistas, animadores, y -claro está- hasta curas (encabezados por Cipriani) hubiesen puesto el grito en el cielo y exigido justicia (y no solo divina) Los responsables a la cárcel, indemnización a los deudos, y demás.

Pero esas 274 personas no murieron en Saga o KFC, murieron dentro de una iglesia católica, y dicha institución en vez de afrontar su culpabilidad y resarcir, inició -de inmediato- campañas para recaudar dinero con el fin de reconstruir sus edificios en ruinas. Los medios en vez de señalar, hablaban de milagros porque una imagen (resguardada sobre un arco) no había sufrido daño alguno. El mundo al revés.

He visitado algunas iglesias durante este año y, salvo en Las Nazarenas, en ninguna otra tenían señalizadas zonas de seguridad, contaban con luces de emergencia o extintores o tenían salidas de emergencia. De inmediato salta la pregunta más lógica y evidente, ¿cómo es posible que les den autorización para recibir gente a diario si no cumplen con las normas mínimas de seguridad? La impunidad en su más alto grado: las iglesias católicas se rigen con normas especiales y no requieren autorización de INDECI para funcionar, ¡no necesitan licencia de funcionamiento! Como lo leyeron, tienen impunidad total. Pueden funcionar en el edificio más inseguro del país, y todos felices. Y ojo, no es que "puedan" funcionar en construcciones lamentables, lo hacen. Y es por eso que murieron tantas personas en el sur. Porque un edificio público (como lo es una iglesia) necesita cumplir normas mínimas (sí, no se pide súper edificaciones, solo normas mínimas) para evitar tragedias. Tragedias que a la iglesia católica le importa un bledo, al igual que a las autoridades, al igual que a la gran mayoria.

J^P

sábado 2 de agosto de 2008

Quiero un gato

No recuerdo muy bien como salió el asunto, la cosa es que quiero tener un gato. Me parece la mascota perfecta para mí. Cuando él tenga ganas me ronronea, cuando yo tenga ganas jugueteo con él. Así de sencillo, sin que me espere llegar, sin que yo lo necesite a mi lado siempre moviéndome la cola. Independientes ambos.

La cosa se complicó cuando comenté que quería un gato. Nunca había recibido tantas críticas. Todo opinaron, y todos dijeron no. Que no es una buena idea.

“¡Arañan!” fue la primera advertencia que me lanzaron. Eso hizo que pensara de inmediato en el buen fin de semana que pasé e iba a divagar con esos temas, pero tenía que concentrarme. Reclamé que era un detalle que estaba dispuesto a sobrellevar, y no dije que incluso me entusiasmaba la idea para que no estén llamándome masoquista luego.

Mi salud estaba en juego. Así como lo leen, los gatos son malos para la salud. El asunto pasa por un parásito (como de esos que tenemos en el Congreso de la República) llamado Toxoplasma Gondii, que se trasmiten por las heces, orina, pelos, uñas, saliva, lágrimas, sudor, y hasta maullidos del animalito. Así que, además como soy proclive a enfermarme, con un par de miaus del gatito quedaré infértil e impotente. Conclusión: no gatos.

Pero si aun insistía en el asunto, no debía olvidar la parte místico/religiosa. Qué siempre la olvido, por cierto. Y es que los gatos son diabólicos, han hecho pacto con Satanás (y yo que pensé que era la culebra por el rollo de la manzana, Eva, el calzonudo de Adán y chau paraíso), están embrujados, son chamanes, y hasta reencarnaciones de faraones. Obviamente, debo mantener limpia mi aura y un gato me la iba a estropear trayendo el mal y quién sabe que otras cosas misteriosas y atroces a mi vida.

Sin embargo lo peor no había sido considerado. Así es, lo escrito líneas arriba es una nada ante lo que pensará la sociedad de mí. Lo que mis amigos, amigas, familiares, conocidos y desconocidos digan y murmullen. Me etiquetarán de gay. Por que tener un gato siendo un soltero en sus treinta es gay. Porque un hombre con un gato es gay, es de maricones. Y eso, en esta limeñísima sociedad es algo terrible, atroz.

No faltaron los que, cartón de sicólogos bajo el brazo, y ante tanta insistencia mía, salieron a buscar las razones de tan suicida decisión: ¡se siente solo! ¡necesita ser querido! ¿por qué mejor no tienes un hijo? ¿has pensado en ser cura?

Igual no desistiré de mi intención. Arañado, infértil e impotente, con el alma vendida a Satán, y gay, quiero un gato, lo quiero.

J^P